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  • gabvergara

¿Se puede pensar en un Yoga feminista?

Updated: Sep 14



De buenas a primeras suena extraño mezclar esas dos palabras en una sola frase, yoga y feminismo. Qué tendría que ver el movimiento histórico de mujeres y disidencias que busca igualdad, justicia y reparación por años de abusos por razón de género u orientación sexual, con una práctica espiritual ancestral, que tiene su origen a kilómetros de nuestras tierras en una sociedad aun muy machista, al igual que la nuestra en todo caso. Sin duda, si nos remitimos al origen de la práctica de yoga y todas sus vertientes, pensar en feminismo resulta bastante lejano; sin embargo, considero importante pensar un yoga que se adecue a los tiempos contemporáneos y, con ello, pueda ser tensionado por las problemáticas que rodean a la práctica y enseñanza hoy en día. Hoy el feminismo en Latinoamérica ha llegado para quedarse, para poder pensar territorios más justos, que propongan un sistema nuevo que no tenga la figura vertical de algunos sobre otros como un eje central, que no tenga la idea de que algunas vidas valen más que otras, como una suerte de tratado implícito al aceptar ser parte de lo que hoy llamamos sociedad. Si lo que propone un movimiento social que tiene a más de dos millones de mujeres como activistas, es un cambio estructural, no podría entonces si no tocar cada aspecto de nuestras vidas, incluyendo prácticas tan populares como el yoga.

Si nos ponemos a hilar fino en relación a las vertientes del yoga y cómo han evolucionado y se han expandido en Occidente, sin duda podremos reconocer ciertos momentos en los cuales la mujer aparece como un personaje un tanto más relevante en el relato. Tal es el caso de Geeta Iyengar, hija del maestro B.K.S. Iyengar. Pero estos casos son excepcionales y aquello no parece llamar la atención dado el contexto en el cual proliferan y se desarrollan estos métodos de yoga en Oriente y Occidente. No me voy a detener a buscar otras particulares, ya que para eso vendrá otro momento; lo que me interesa plantear acá es qué significa pensar la práctica y enseñanza de yoga desde una perspectiva de género, o incluso ir más allá y pensarla feminista. Se debe tener en consideración lo pobre que ha sido al respecto el yoga hasta hoy en día y lo importante que es comenzar a pensar qué significa aquello en nuestro territorio. Es importante comprender que no porque son prácticas ancestrales y devocionales, debiera asumirse toda aquella tradición, incluyendo la invisibilización histórica de las mujeres y disidencias.

Ser feminista hoy no significa tener que seguir al pie de la letra una serie de reglas con respecto a la igualdad de género y a los derechos entre géneros. Más que eso, significa poder repensar y poner bajo la lupa las estructuras sociales que han permitido que el patriarcado y su masculinidad hegemónica ejerzan su violencia y opresión sobre mujeres y disidencias durante siglos. El avance de los tiempos y las crisis que se han presentado, han permitido dar espacio y visibilidad a estas luchas, lo que lleva a plantear que ser feminista hoy significa pensar el sistema que subyace en todas las áreas de nuestras vidas, incluyendo las del bienestar y las prácticas espirituales como el yoga. Por ejemplo, sería irresponsable a estas alturas que como practicantes siguiéramos validando los múltiples abusos sexuales ejercidos por hombres a mujeres en la práctica y enseñanza del yoga alrededor del mundo que han salido a la luz en los últimos años. Hacerlo, pasaría por sobre todos los preceptos básicos que como yoguis nos hemos comprometido, supuestamente, a cumplir, preceptos que por lo demás, resultan básicos para el bienestar de las relaciones en el planeta con todos los seres. Claramente las problemáticas de género existen en este contexto y es nuestra responsabilidad hacernos cargo de aquello también: el cómo hemos sostenido una configuración vertical en las relaciones de aprendizaje tipo maestro/discípulo, no es mas que un ejemplo de algo que hay que mirar con detención, al ser espacios propicios para que muchos de estos abusos ocurran.

El abuso sexual es sin duda uno de los ejemplos más brutales que evidencian la necesidad de una mirada crítica sobre el yoga en tiempos contemporáneos, pero no será el único y para poder reconocer todo aquello que comunidad hemos permitido y sostenido en el tiempo, es indispensable el observarnos, es indispensable poner en práctica todo aquello que supuestamente estamos haciendo en el mat con nuestro cuerpo, mente y espíritu (por señalar solo algunas capas), fuera de éste. No tendría sentido considerar que basta con el trabajo en el mat para transformarme realmente y tener un impacto más allá de mi misma, la verdad es que somos seres sociales y es en las relaciones humanas donde más se pone en juego nuestro proceso evolutivo. Ese es un extraño fenómeno que se da en el mundo del yoga, una idea de que basta con lo que hago en el mat para considerarlo un aporte suficiente al bienestar de la comunidad, lo que, a mi parecer, resulta preocupante, ya que sostiene una actitud pasiva y conforme frente a las crisis sociales, como si la práctica de yoga por si misma fuera la solución a los problemas planetarios. Frente a esto me pregunto, ¿no es la práctica de yoga una búsqueda hacia la humildad, hacia el abandono del ego? Si es así, ¿cómo podríamos pensar tener la clave para las buenas y justas relaciones humanas (y con el planeta) sólo en nuestro mat? Como dicen por ahí, somos seres políticos desde el momento en que respiramos por primera vez, todo aquello que vivimos socialmente significa algo y tiene un impacto mucho más allá de mi cuerpo físico, mucho más allá de mi mat.

Ser feminista significa cuestionar un sistema opresor de gran parte de la población por el privilegio de unos pocos, de un género sobre otro, de una raza sobre otra, de una clase sobre otra, de una nacionalidad sobre otra. Ahora que nuestra practica la importamos de otro país del sur, desde allá lejos, es momento de reflexionar y hacernos cargo de qué significa ser yogui hoy y cuán importante es mi participación en la búsqueda de una vida ecuánime para todas y todos. ¿No se trata de eso el yoga? ¿De lograr la ecuanimidad? Entonces, que así sea, que seamos todes feministes.

*Gabriela Vergara Toro es artista visual, practicante y profesora de Yoga Iyengar, activista feminista y Magister©️ en estudios de Género y Cultura en América Latina mención Humanidades

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